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miércoles, 5 de marzo de 2008

Valientes expedicionarios

Partimos a las 8:30 horas. Caminamos cinco horas seguidas. Juanito, Mauro, David y yo. Desde La Rinconada hasta Juan López. Ida y vuelta.
Primero bordeando el mar. Vimos el peligro de cerca. David mató a su celular, Mauro sufrió los embates de las olas y yo me caí intentando cruzar un precipicio. Juan, fiel a su etilo de Sportacus, salió invicto. No así su botella de jugo. Fueron casi tres horas de caminata.
Vimos las animitas de quienes intentaron el mismo trayecto y perecieron en el intento, los jotes nos persiguieron durante todo el recorrido y encontramos lobos muertos que no soportaron la fuerza del mar golpeando contra las rocas. Nosotros superamos todo eso.

SUBE Y BAJA
Llegamos a Juan López y fuimos en busca de las micros para volver a la playa en busca del monstruoso Trooper. Como nunca llegaron las dichosas micros, tuvimos que volver caminando. Esta vez por la ruta y luego a campo traviesa, subiendo y bajando cerros. Otras dos horas de recorrido.
Y tras cinco horas de valiente caminata, que culminaron con una arrojada expedición a una cueva abandonada, un pique minero de casi 100 metros de profundidad en el que una voz de ultratumba casi nos enloquece, decidimos que estamos casi preparados para desafíos mayores, es decir, para emprender la ruta del Río Loa.
Pero tranquilos estimados lectores, porque antes programaremos una excursión por todo el día. Tenemos que probarnos. Pero, pese a la edad y el estado físico, puedo decir que no estamos tan mal. No fue el París Dakar, ok lo admitimos, pero tampoco fue un paseíto cualquiera. Estamos como el vino. Ja.