Hace rato la idea me venía rondando la cabeza, pero no la concretaba nunca. Quería dejar de comer sal pero no podía, hasta que entrevisté a una doctora que está investigando el cáncer en Antofagasta y me contó que la sal era un cancerígeno. Ahí me asusté y desde ese día no como más sal.viernes, 30 de enero de 2009
No como más sal
Hace rato la idea me venía rondando la cabeza, pero no la concretaba nunca. Quería dejar de comer sal pero no podía, hasta que entrevisté a una doctora que está investigando el cáncer en Antofagasta y me contó que la sal era un cancerígeno. Ahí me asusté y desde ese día no como más sal.sábado, 24 de enero de 2009
No se me ocurre nada...
Tengo en la cabeza varias ideas para escribir en el blog, pero me da una soberana lata. Supongo que es el cansancio típico que me toma y azota en las fechas previas a las vacaciones. Y lo peor de todo es que me siento mal por no escribirlas. Maldita culpabilidad.jueves, 25 de diciembre de 2008
Navidad en la playa...
sábado, 1 de noviembre de 2008
El necesario recambio
sábado, 18 de octubre de 2008
La música portatil en mi vida (parte 1)

Me gusta escuchar música cuando camino, cuando ando en bicicleta, cuando trabajo y cuando leo. Los minutos se hacen más cortos, te distraes y algunas letras te hacen pensar, otras simplemente disfutrar. Acá, en tres partes, la historia de la música portatil en mi vida. Nada importante, pero siempre es bueno recordar.
El primer reproductor portátil de música que tuve fue un Walkman Sony WM-FX10. Corría 1992 y un amigo tenía uno. Lo vi y de inmediato me gustó, así que me puse a juntar dinero para comprármelo. Costaba 16 mil pesos.
Vivía en Calama y, a decir verdad, la oferta de “personal stereos” no era muy variada. De los que había en tiendas como ABC y Din no me gustaba ninguno. Uno Kioto me llamaba la atención pero costaba 28 mil pesos. Ni en sueños. La verdad sea dicha, ninguno relativamente bueno se ajustaban a mi escuálido presupuesto. Todavía no era el tiempo de las mega multitiendas y las tarjetitas de plástico.
Tras negociar con mi papá, me puse a juntar dinero. Yo tenía que ahorrar 8 mil pesos y él me pondría la otra mitad. La plata la juntaba en un tarro donde venía un traje de baño Maui. Todos los días echaba 100 pesos o lo que pudiera. Lo tenía bien escondido para que mis hermanas no me desfalcaran. Al cabo de un par de semanas reuní el dinero.
El dichoso Walkman se lo encargué a un amigo que viajó a Iquique. En
Tenía música grabada de la radio, más algunos cassettes pirateados y otros originales que me habían regalado. Uno de Enigma y otro de Milli Vanilli (antes del escándalo) sonaban a cada rato. Por esos días me compré “Doble Opuesto” de
El viejo Walkman Sony me acompañó hasta 1994, cuando mi mamá me trajo de México un personal stereo Aiwa. No recuerdo el modelo, pero sí que era mejor que el Sony.
Ecualizaba, podías cambiar de lado con un sólo botón, era más chico y, lo más importante, es que grababa. Traía un micrófono bastante bueno. Yo comenzaba a estudiar periodismo así que era lo que necesitaba.
Continuará...
sábado, 30 de agosto de 2008
¿Y si fuera la Escuela D-70?
Lamento la muerte de las nueve niñitas del Colegio Cumbres en el accidente de Putre, pero no puedo dejar de pensar qué hubiera pasado si la misma tragedia le hubiera ocurrido a un grupo de alumnos de la Escuela D-70.
ían dedicado páginas enteras a analizar el perfil y los parentescos de cada víctima?.